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Si queremos productividad... ¡queremos a los rebeldes!

Dirijo un curso en Barcelona Activa donde vienen mayoritariamente trabajadores o directivos que buscan hacer un cambio de orientación en su vida profesional.

Sorprende la cantidad de personas que llegan porque se quemaron, bastantes hasta el punto de enfermar. No todos son así, algunos simplemente se dieron cuenta de que sus valores no cuadraban con los de la empresa o que querían otra cosa para su vida. Otros simplemente fueron desvinculados (se ve que desvincular es mucho menos duro que despedir).

Hablando con ellos encontramos muchas historias que tienen un punto en común:

pasaron por delante las necesidades o expectativas de los otros por encima de las suyas propias.

¿Qué quiere decir esto?

Los superiores esperan que trabajes doce horas al día, que seas duro con tus trabajadores, que priorices las necesidades de la empresa por encima de las del cliente y que no discutas las órdenes. Todo ello proyecciones de creencias antiguas que desaniman, quitan poder a los empleados, entristecen a los trabajadores y les hacen perder el sentido de su trabajo.

Creencias antiguas que intentan buscar el rendimiento de la empresa de forma absurda, porque está demostrado que no funcionan.

Ahí los trabajadores tienen dos opciones:

Decir lo que opinan y mostrarse en contra del flujo habitual de la empresa, exponiéndose a la reprimenda o el despido, o bajar la cabeza e ir en contra de sus valores y a favor de lo que se pide (muchas veces en contra de la empresa, aunque no lo parezca). Si bajan la cabeza y obedecen es cuando se acostumbran a que su opinión no es importante, sus sentimientos no son importantes, lo único importante es seguir produciendo hasta el punto que su cuerpo les tumba y pocas

veces se entiende que eso son bajas derivadas de la presión, simplemente se consideran bajas ordinarias o enfermedades corrientes.

Y curiosamente, los más despiertos, los más rebeldes (que son los más creativos y proactivos) son los quesimplemente se van en búsqueda de algo más.

Steve Jobs decía “yo no contrato a empleados para decirles lo que tienen que hacer, yo los contrato para que me digan lo que tengo que hacer”.


Por eso es importante ver la cultura que generamos en nuestra empresa.

¿Son capaces nuestros empleados de disentir de la opinión de sus superiores?

Culturalmente tenemos asumido que disentir del superior es ir en contra de la empresa, lo asociamos con la protesta, la queja y por lo tanto es algo a cortar de raíz cuando no entendemos que la disensión es buscar la máxima sabiduría, es buscar la inteligencia colectiva.

Un superior no es una persona tocada por la mano de Dios para ser más lista que su equipo de forma constante, es una persona que coordina a un equipo. Su inteligencia individual no es lo prioritario, como así se han demostrado estudios que descartan la inteligencia como un factor relevante de éxito en el liderazgo.

Así su labor más importante es la de sacar el máximo rendimiento al equipo y eso pasa por escuchar a cada miembro y estar muy atento a sus ideas, a sus dudas e inquietudes.
¡Especialmente necesitamos a los rebeldes!

Para que discutan, para que no se crean, para que aporten dinamismo. Teniendo claro que llega un punto que cuando ya está decidido se tiene que ejecutar, donde ya no valen las discusiones, porque si no nos podríamos pasar el día discutiendo y no avanzando hacia ningún lugar

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