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Los sentimientos y la formación para el empleo

#VallesEconomic

Muchos ayuntamientos y centros autorizados, disponen de una cartera de cursos para fomentar el empleo, siendo los destinatarios de dicha formación personas adultas, con motivaciones diferentes para realizar una formación específica. Por ejemplo: ya se dedican a ello pero necesitan una mayor especialización, reorientan su carrera profesional, o hace tiempo que no trabajan y necesitan reinsertarse en el mundo laboral.

Cuando en un curso hay personas con motivaciones situadas en la esfera laboral, pero con niveles de formación diferentes, pueden aparecer en aquella persona con el nivel formativo superior, sentimientos y pensamientos negativos, haciendo que no se sienta cómodo dentro del grupo, acentuándose aun más si dispone de una trayectoria laboral que considera buena.

En otros casos, los alumnos realizan dichos cursos para poder ocupar el tiempo mientras no encuentran trabajo o, simplemente, por afición. Como vemos, las circunstancias, y por lo tanto las motivaciones para realizar dichas formaciones, es muy diversa.

Es habitual que cada curso tenga una serie de requisitos de acceso. Uno de estos requisitos es el nivel de formación, el cual permite conseguir que los alumnos tengan el mínimo de formación necesaria para poder seguir los contenidos del curso.

Volviendo a las motivaciones de las personas para emprender un curso, éstas se pueden vincular principalmente con una de las tres esferas siguientes: laboral, personal y social. La motivación laboral es aquella en la cual se piensa que dicha formación permitirá acceder a un puesto de trabajo determinado. La motivación personal, busca dicha formación por satisfacción personal. Por último, la motivación social, es aquella en la que una persona piensa que dicha formación está socialmente reconocida o bien vista.

Cuando en un curso hay personas con motivaciones situadas en la esfera laboral, pero con niveles de formación diferentes, pueden aparecer en aquella persona con el nivel formativo superior, sentimientos y pensamientos negativos, haciendo que no se sienta cómodo dentro del grupo, acentuándose aun más si dispone de una trayectoria laboral que considera buena. Contrariamente, si la persona tiene una formación muy superior, no suele ser así, dado que, o bien su motivación está en la esfera personal, o está en ocupar el tiempo y está convencido de que por su formación y experiencia previa, sólo es cuestión de tiempo para encontrar un trabajo.

Pongamos un ejemplo: supongamos un curso de instalaciones eléctricas en el cual se requiere una formación mínima de Bachillerato o Ciclo formativo de grado superior (equivalente a la FP-II antigua). En dicho curso, se inscriben mayoritariamente personas con un nivel de o equivalente a Bachillerato y al Ciclo formativo, pero también algún graduado en ingeniería y un doctor en ingeniería (situación que me he encontrado en alguna ocasión).

En este caso, si el graduado en ingeniería tiene experiencia laboral como ingeniero (no es un recién titulado), al tener una formación superior a la mayoría del grupo, es posible que termine pensando que dicho curso lo está infravalorando y termine frustrado. Esto no suele suceder con el que tiene estudios de doctorado, ya que su pensamiento es que con su formación previa al curso, sólo es cuestión de tiempo en encontrar un trabajo acorde a su formación.

Como conclusión, se puede decir que: es recomendable que durante la creación de los grupos, se tenga en cuenta este fenómeno y, en caso de que no puedan hacerse grupos con perfiles formativos homogéneos, se realice un asesoramiento y seguimiento adecuado de las personas con una mayor formación.

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